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Alc. Miguel Baldera Sandoval


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En Illimo nació, el 24 de marzo de 1877, el ilus­tre escritor lambayecano Rómulo Paredes Gonzales, hijo de Roberto Paredes y de Nicolása Gonzales. (Murió en Chiclayo, el 21 de enero de 1961). Como literato, Rómulo Paredes escribió numerosos cuentos anécdotas, versos y artículos políticos bajo los seudónimos "Monsieur Treville" y "Jacinto Tantachuco". En colaboración con Augusto León Barandiarán, publicó "A Golpe de Arpa" el año 193.

Como periodista escribió numerosss artículos para los periódicos lambayecanos ("El Tiempo", "El País". "El Departamento", 'La Tarde", "El Bien Agrícola", "El Progreso"). El año de 1900, junto a Julio Málaga Grenet y Leónidas Yerovi, fundó el semanario "Monos y Monadas" en Lima. En Iquitos, fundó "Loreto Comercial". Rómulo Paredes fue también actor teatral, estrenando las comedias "La Coima", "Los Bausanes", "El Tiro por la Culata", así como el drama "Ultima Escuela"; entre otras obras.

Su pluma era humanista y crítica. Por ejemplo, de los partidos políticos de la época decía "Partido político, práctica pública que consiste en la vive­za de los menos que explotan la ingenuidad de los demás", de los males del campesino, decía: "El patrón le quitó la fuerza, el cura el dinero y la chicha la salud y ninguno le dio nada".
Este escritor illimano fue consecuente defensor de los recursos foresta­les y en especial del algarrobo, sobre el que decía:

“El algarrobo es dios" jamás llora; 
el algarrobo es diablo: nunca reza;
no necesita nada en su grandeza 
nada pide jamás, ni nada implora".

Sobre la destrucción de los algarrobales, decía amarga y combativamente: "Los lambayecanos no hemos sabido conservar ese precioso tesoro que nos dio la naturaleza. Se ha repetido con nuestros algarrobos la ingrati­tud y maldad del mito peruano, ... Sin piedad, la voracidad de los negocios los han derribado... Sólo han servido para alimentar calderos, como durmientes para soportar las locomotoras y como carbón para menesteres hogareños".

Enorme era, pues, la preocupación de Rómulo Paredes ante la depreda­ción de los algarrobales y otra flora lambayecana, que continúan hasta hoy, sin la compensación de ninguna reforestación de envergadura.